Segunda Guerra Mundial

Despojos: Y tú no regresaste

Marceline Loridan-Ivens, nacida Marceline Rozenberg, sobrevivió el horror inimaginable de la Shoah. Con sólo 15 años, Marceline fue llevada a Auschwitz-Birkenau, más especificamente a Birkenau, mientras que su padre, Shloïme, fue llevado a Auschwitz, marcando la separación que sería para siempre.Y tu no regresaste_129X205

“Y tú no regresaste” narra la experiencia de Marceline y el no regreso de su padre que le dijo: “Tu podrás regresar, porque eres joven, pero ya yo no regresaré”. Sin caer en sentimentalismos, recorremos la historia de ambos desde que los arrestaron y llevaron a Drancy hasta la liberación de los campos de concentración y posterior regreso de la autora a París, donde la familia esperaba que regresara Shloïme. Los despojos de Marceline son tan intensos como todo lo que sucedió en su cautiverio. Los despojos de su familia terminaron por desmembrarla, Shloïme faltaba. La vida después del horror, se convirtió en una vida llena de libertades que, según la autora, su padre no aprobaría o, al menos, el padre que la guerra le quitó. Desgarradora, esta obra autobiográfica contiene reproches, resentimientos, arrepentimientos y recuerdos de una hija obligada a crecer de un tirón, a la que le arrebataron los más preciado, su padre.La inocencia la abandonó el día que los detuvieron, pero con un objetivo claro, debía sobrevivir para encontrarse con su padre. Finalmente, sin reencuentro, vivía. Forzada en un matrimonio del cual se deshizo en cuanto pudo porque esa era la vida de la familia judía que le tocó, después del horror todo debía volver a la “normalidad”. Imposible para ella, incomprendida por la familia que eligió negar el horror, esconderlo bajo la alfombra. Lo vivido en la Shoah se convirtió en el elefante blanco en la habitación, uno nunca abordado que acabó con la familia definitivamente.

“Y tú no regresaste” es un relato breve pero intensoloridan-ivens_c_grasset que vale cada línea, cada párrafo, cada página. Me permitió acercarme a un testimonio, uno terrible, pero esclarecedor. Un testimonio que permite RECORDAR lo que nunca deberá repetirse. Recordaré, y volveré a recordar gracias a Marceline Loridan- Ivens que la humanidad, aquella que busca la cura de muchas enfermedades, que quiere conservar el planeta o acabar con el hambre y la pobreza, es también capaz de generar los más horrendo que puede haber, y siempre latente en el fondo del mar. No hay golpes bajos, aunque es crudo leer cómo una sobreviviente de la mayor atrocidad jamás contada pone su corazón sobre las mesa y lo desmenuza sin más.

#YoRecuerdo #IRemember

¡BUENA LECTURA!

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Historias de guerra: Suite Francesa

Me siento a escribir sobre ésta hermosa novela inconclusa de Irene Némirovsky y me resulta difícil no pensar en su propia historia. Habiendo padecido el desamor de su madre su vida entera, habiendo sólo conocido el amor de madre gracias a sus dos hijas, legándoles, sin aviso, el bosquejo de lo que luego se convertiría en una novela premiada. “Suite Francesa” es una novela que ha encontrado un final truncado al igual que la vida de su autora, pero con la generosidad de tener sus notas y poder adivinar el deseado final que Irene hubiera querido.

Irene Nemirovsky  fue una novelista judía de origen ucraniano. Vivió desde sus 16 años en París, donde obtuvo su licenciatura en Letras en la Sorbona en 1926, el mismo año que contrajo matrimonio con el padre de sus hijas. En 1929 envió, sin identificarse ni dirección, su primer obra, “David Golder”, que habiendo conquistado al editor, éste publicó un aviso en la prensa para localizar al autor. Así comenzó su brillante carrera, que no decepcionó aún luego de haber encontrado la muerte en mano de la gendarmería francesa en el campo de concentración de Auschwitz, el 6 de noviembre de 1942.

“Suite Francesa” es una novela que transcurre en la Segunda Guerra Mundial. Según las notas, estaba destinada a ser una novela de cinco partes, pero Némirovsky sólo llegó a escribir dos de ellas: “Tempestad en Junio” y “Dolce”.

La primera parte, “Tempestad en Junio”, relata historias de parisinos intentando escapar de la ocupación alemana en junio de 1940, exiliándose a provincias lejanas a París. Irene logra impregnar una esencia amargamente dulce en cada capítulo, dónde se ven plasmadas situaciones nada extraordinarias de gente que se encuentra en el medio de la guerra, pero muestra la miseria humana, la crueldad y la soledad de cada personaje en la debacle general de la Francia que se creía ser. La figura de “Los Alemanes” juega como un personaje fantasmal al acecho, pero que nunca llega a materializar su presencia de forma contundente, lo que deja a la vista la desesperación de “Los Parisinos”, los “bichos de ciudad”. Hacia el final, se muestra el retorno a París, en marzo de 1941, donde algunos personajes encuentran un final abrupto, mientras otros viven una falsa sensación de paz.

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Suite Francesa: Tempestad en Junio. Irene Nemirovsky

La segunda parte, “Dolce”, se centra en una historia de amor entre una francesa, Lucile, y un oficial alemán, Bruno; en el distrito francés de Bussy, al este de París. Los Alemanes dejan de ser un personaje fantasmal, para materializarse en la ocupación de la comarca. Si bien se esperaría una conexión fuerte entre las dos partes, sólo el personaje de Madelaine, que siempre es secundario, aparece en ambas. Esta segunda parte muestra situaciones de la comarca alrededor de la historia de Lucile y Bruno, dónde se aprecia la pérdida del orgullo francés proclamado al principio de la ocupación, dando paso a una convivencia utópica entre ocupantes y ocupados; incluso, llega a plantear al alemán como un invasor “pacífico”, lo cual es desesperante para los personajes tanto como para el lector.

Personalmente, pienso que de haberse concluído la novela hubiera sido aún más estupenda. Cuando la autora nos guía al clímax del conflicto, éste se corta de forma abrupta y toma otro camino. Creo, por no animarme a afirmarlo, que alguna de las otras tres partes hubiera dado el coup de grâce que el lector espera para quedar satisfecho como quien termina una abundante cena.

Si lo que te gusta son las novelas históricas, ésta es una que no es cruel, que no tiene golpes bajos, es una historia que vale la pena leer, sin dudar. Esta novela tiene personajes exquisitos, descriptos y formados hasta el último detalle, tal como Irene Némirovsky lo quería, gracias a su minuciosa forma de componer sus obras, y que al finalizar la lectura permitirá que cada lector pueda formar su propio final.

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